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El mercado digital se duplica

Según el ONTSI (Observatorio Nacional de Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información), estamos de enhorabuena! Los libros digitales están teniendo una penetración muchísimo mayor.

  • Se venden tres libros digitales por cada libro en papel.
  • Se ha duplicado la venta de libros digitales en el último año.

 

ontsi

 

La facturación del mercado digital de los libros ha crecido de formaespectacular en 2014. Si en el año 2013 la cifra de negocio digital sesituó en los 116 millones de euros, en 2014 se han alcanzado los 248millones de euros, lo que supone un aumento del 113,4%. […]. En relación a la distribución de la cifra de negocio por productosdigitales, el 71,5% proviene de la edición de libros digitales. El 28,5%restante procede de la edición de libros en soporte físico (cd, dvd,…)

 

Podéis ver más detalle en el “informe_anual_del_sector_de_los_contenidos_digitales_edicion_2015“.

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La aventura de escribir y su autopublicación online: el estado del arte

Cuando me dispuse en serio a acometer la aventura de escribir, lo primero que hice fue ver “el estado del arte”. Para ello leí muchísimo acerca de diversos temas: cómo estructurar el contenido, maneras de escribir, edición, maquetación, diseño de portada, marketting… y sobre todo, la publicación: tradicional frente a la autopublicación.

Cazadores de diosas amazonTe puedo asegurar que hay muchísimo contenido en la red sobre estos temas. Al final, me decidí por la autopublicación en AMAZON. ¿Las razones? Es una de las plataformas más avanzadas en este sentido con un público potencial enorme. Además, había bastante ayuda online en la que basarse. De hecho, demasiada.

Os voy a detallar algunos sitios web que me ayudaron a ir tomando algo de conciencia de algunas ideas interesantes que me iban a acompañar en los siguientes meses (y años, muy probablemente):

Por suerte, encontré un artículo que me pareció muy completo, ameno y riguroso: Cómo publicar tu libro en Amazon – La Mega Guía. A través de él, descubrí a su autor: Marcos Martínez, su blog “pensamiento lateral” y su obra “HAZ ALGO DIFERENTE. 50 RETOS PARA POTENCIAR EL PENSAMIENTO LATERAL” cuya lectura recomiendo!

Si estáis pensando en escribir y publicar, mucho ánimo!! Es una aventura que exige lo mejor de cada uno y conocimientos de varias disciplinas. Puedes publicar rápidamente “cualquier cosa” pero, si de verdad quieres compartir tus ideas de forma estructurada y que el producto final sea de calidad, la dedicación será enorme. Puedo aseguraros que mi libro  “Cazadores de Diosas“, es el resultado de muchísimas horas de elaboración, maceración y vocación.

Muchas gracias a todos los autores anteriores por compartir sus experiencias (de gran ayuda!) y mucho ánimo a todos los diletantes que se animen a esta aventura!!

gracias

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Introducción al pensamiento crítico

En la historia reciente, podemos remontarnos (como en el caso de la lógica informal), a los años 60 y 70 en el mundo académico estadounidense. Concretamente en los años 80 se incluyó en la Universidad de California State University Executive Order la instrucción formal en Critical Thinking. En palabras del profesor Vega Reñón[1], de aquí se esperaba de la disciplina: una mayor comprensión en las relaciones del lenguaje con la lógica que permitiera adquirir y desarrollar habilidades para razonar, analizar, criticar y defender ideas […] y de inferir unas conclusiones apropiadas.

El pensamiento crítico

Stuart Miles – freedigitalphotos.net

Si bien el desarrollo académico del pensamiento crítico no ha sido homogéneo, podemos señalar algunas características comunes en cuanto a su ámbito de acción. Se ocuparía de: 1) actitudes básicas de tratamiento de la información tales como el análisis, la clasificación… 2) actitudes estratégicas, a un nivel superior encargadas de dirigir las anteriores actitudes; y 3) actitudes metacognitivas, que se encargarían de dirigir las actitudes básicas y estratégicas hacia un fin.

De lo anterior, se desprende una propiedad que le distingue (al pensamiento crítico) de la lógica informal, su pragmatismo. Asimismo, reconoce abiertamente aspectos emotivos y afectivos como intervinientes en un proceso discursivo. Por ello, se nutre de fuentes psicológicas y cognitivas, de carácter descriptivo, más que en modelos normativos (que sería el caso de la lógica, especialmente, la formal).

En palabras de Ennis[2], el pensamiento crítico consiste en un modo de pensar razonado, hasta aquí igual que la lógica informal pero que involucra, además, habilidades y actitudes.

En suma, podemos resumir el pensamiento crítico como el estudio de las disposiciones y habilidades discursivas atentas no sólo a los razonamientos lógicos sino también a la capacidad de comunicación. Se diferencia de la lógica informal en que ésta no incluye objetivos pedagógicos ni tan prácticos como el pensamiento crítico (que se preocupa, por ejemplo, por la expresión eficaz,…).

 

[1] Vega Reñón, L, Olmos, P. (2011) Compendio de lógica: argumentación y retórica. España: trotta

[2] Ennis, Robert H. “A concept of Critical Thinking. A proposed basis for research in the teaching and evaluation of critical thinking ability”, Harvard Educational Review, 2/1 (1962): 157-187.

Ennis, Robert H. “A logical basis for measuring critical thinking skills”, Educational Leadership, 26 (1985): 44-48.

 

¿Qué es la lógica informal?

Haciendo historia, podemos encontrar incursiones en este ámbito (aunque no denominadas como lógica informal) en los Tópicos y las Refutaciones sofísticas, de Aristóteles. Dos milenios después, encontramos también una doble distinción de la lógica por parte del rector de Paris, Jean Gerson. Asimismo, otros autores como Pedro Hispano, Leibniz… han sugerido en sus textos la existencia de una lógica diferente de la matemática o formal clásica que sería de mayor aplicación en algunos ámbitos como el civil, el jurídico, etc.

¿Qué es la lógica informal?

Stuart Miles – freedigitalphotos.net

Su presentación moderna en sociedad puede datar en 1978 cuando se celebra el primer Symposium on Informal Logic (Universidad de Windsor) y se publica Understanding Arguments. An Introduction to Informal Logic, de Robert Fogelin[1]. Una de las cuestiones que más se planteaban era ¿puede haber una lógica que no sea formal? ¿No será una contradicción o, al menos, un oxímoron?

¿Qué motivos se pueden ofrecer para justificar la emergencia de esta disciplina? Ralph H. Johnson y J. Anthony Blair[2] destacarían lo siguiente: los movimientos críticos de carácter académico que promueven una nueva manera de analizar el mundo entendiendo que la lógica formal no es suficiente. Entienden que existen maneras alternativas de inferir y dan importancia al estudio de las falacias. Estas líneas también son apoyadas por las tesis al respecto que sostienen los estudios sobre psicología del razonamiento y comunicación.

A lo largo de la historia de la filosofía de la argumentación, han sido especialmente estudiadas las malas prácticas, las falacias. Éstas constituyen, pues, un campo de estudio de la lógica informal.

Con todo lo anterior, Johnson y Blair definieron la lógica informal de la siguiente manera: la rama de la lógica con el objetivo de analizar (no formalmente), evaluar y construir argumentos en el discurso usual común o especializado (ámbito jurídico, político, periodístico, etc.).

Todo lo anterior fue el caldo de cultivo de lo que podríamos llamar la teoría de la argumentación en su visión norteamericana.

 

[1] Fogelin, Robert J. Understanding Arguments. An introduction to informal logic. New              York: Harcourt Brace Jovanovich, 1978; 1982 2nd edit

[2] Johnson, Ralph H. & Blair J. Anthony, “Informal Logic and the reconfiguration of Logic”, en F.M. Gabbay, R.H. Johnson, H.J. Ohlbach & John Woods, eds. Handbook of the Logic of Argument and Inference. The turn towards the              practical. London, Elsevier Science, 2002; pp. 339-395

 

La argumentación en la filosofía

¿Existe un discurso argumental típicamente filosófico? ¿Qué relaciones puede haber entre la teoría de la argumentación y la filosofía? Podemos diferenciar cuatro hipótesis:

La argumentación en la filosofía

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Hipótesis en la argumentación

  • La hipótesis nula, que sostiene que la argumentación no es un recurso característico de la filosofía. Una de las justificaciones sería la existencia de multitud de escuelas filosóficas diferentes que no consiguen acordar un marco discursivo común.

 

  • La hipótesis mínima, que defiende que la argumentación es un recurso típico en el discurso filosófico. Varios autores (G. Ryle, Waismann,…) han sostenido esta tesis aduciendo, por ejemplo, la especificidad de la argumentación en filosofía. En efecto, cabría distinguirla de las deducciones de las ciencias lógico-formales y de las pruebas empíricas de las ciencias observacionales (física…). En cuanto a la primera distinción, tomamos en préstamo las palabras de Waismann[1] (1965, p. 380): un argumento filosófico hace más y hace menos que un argumento lógico; menos, porque nunca demuestra algo de modo concluyente; más, porque si tiene éxito, no se contenta con establecer un punto aislado de verdad, sino que produce un cambio de perspectiva intelectual.

 

  • La hipótesis máxima, que mantiene que la argumentación es el recurso definitorio (no únicamente típico) del discurso filosófico.

 

  • La hipótesis fuerte, que defiende que la argumentación es un recurso necesario en el sentido de que si se mantiene una tesis de manera razonada y crítica, tiene que ser con la disposición a defenderla dando cuenta y razón; así como a asumir las consecuencias de la misma.

¿Cómo podemos caracterizar los argumentos filosóficos?

Cabría distinguirlos de deducciones concluyentes desde el punto de vista lógico-matemático así como de recursos basados en pruebas empíricas. Tampoco estarían basados, en general, en inducciones o en argumentos estadísticos y probabilísticos.

Sin que haya un consenso sobre qué tienen en común los argumentos filosóficos (adelantado por la justificación de la hipótesis nula), sí podemos encontrar algunos esquemas argumentales típicamente filosóficos. Por ejemplo (Vega[2], 2003, p. 238-252):

  • Argumentos fundacionales, que buscan sentar una verdad primera (ej. “pienso luego existo”)
  • Argumentos trascendentales, que siguen el esquema siguiente
    1. Nos consta la posibilidad de A
    2. Si no se diera C, no se daría la posibilidad de A
    3. Luego, es necesario que se dé C.
  • Argumentos por regresión al infinito, tratan de establecer una tesis mediante una recursión sin fin.
  • Argumentos mentales o imaginarios, que se apoyan en hipótesis irreales para descubrir alguna reducción al absurdo…

Además de los anteriores, existen también otros recursos como por ejemplo: 1) apelación la autoridad (experto); 2) apelación ad philosophiam, que en palabras del profesor Vega (2003, p.246), recurriría a que algo no es demandado o exigido por la filosofía.

 

[1] Waismann, F. (1965), Mi perspectiva de la filosofía, en A.J. Ayer (comp.), El positivismo lógico. México, FCE, 1965; pp. 349-385. El artículo data de 1956

 

[2] Vega Reñón, L. (2003). Si de argumentar se trata. España: Intervención Cultural

Las tres dimensiones de la argumentación

En palabras del profesor Luis Vega Reñón (2003)[1], entenderemos que una argumentación es una manera de dar cuenta y razón de algo a alguien, en el curso de una conversación, o ante alguien (pongamos un auditorio, un jurado, un lector), en determinados marcos y contextos del discurso (p. 11).

Podríamos destacar tres grandes momentos en la historia de la filosofía. El primero parece remontarse a Aristóteles de acuerdo a sus Refutaciones sofísticas. El segundo podría ser entre los siglos XII y XIV con los magistri escolásticos. Finalmente, el tercero y más reciente tendría cabida a mitad del siglo XX. Es en este periodo en el que aparecen también otras ramas íntimamente relacionadas con la argumentación, como son la lógica informal y el pensamiento crítico. También es época de grandes avances tecnológicos y científicos donde toman fuerza la Inteligencia Artificial y la ciencia cognitiva.

tres dimensiones de la argumentacion

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¿Qué perspectivas podemos distinguir en la teoría de la argumentación?

Tradicionalmente se han diferenciado tres: la lógica, la dialéctica y la retórica.

Lógica

Se focaliza en los productos como argumentos textuales. En este caso, la validez que importa en esta perspectiva no es una analítica donde la información concreta que porta la conclusión viene conceptual o analíticamente incluida en la información de las premisas (ibid.). Aquí interesa una clase de argumentos de la misma forma lógica en cuanto a su atributo formal. Esto es, dado un argumento, lo interesante es la extracción de su escenario y su traslado al lenguaje lógico (manteniéndose la supuesta correspondencia).

Por tanto, un buen argumento desde el punto de vista lógico se basaría en, dadas una premisas y un nexo inferencial, poder sentar su conclusión. Podría ser una deducción, pero también otros tipos (inducción, abducción,…).

Un mal argumento, en palabras de Vega Reñón, sería aquél que fallara en uno de los siguientes tres principios generales: 1) el nexo inferencial tiene que poder ser convalidado; (2) las premisas se tienen que atener a principios de aceptabilidad, suficiencia y pertinencia respecto de la conclusión; y 3) el argumento debe poder responder a las refutaciones.

Dialéctica

Esta segunda perspectiva no se basa tanto en el producto sino que tiene en cuenta las interacciones entre los agentes discursivos así como el propio proceso argumental. En él, podemos distinguir cuatro fases: 1) Apertura, donde se plantea el tema a resolver; 2) confrontación, donde se ponen de acuerdo los agentes en las reglas que van a seguir; 3) argumentación, la parte nuclear del proceso en la que se ponen encima de la mesa los mejores argumentos y refutaciones; y 4) clausura.

Para guiar un proceso argumental, el profesor Vega (2003, p.126-132), indica el siguiente decálogo (ofrecemos un resumen del mismo):

  1. Ningún participante debe impedir a otro tomar su propia posición.
  2. Quien sostenga una tesis, está obligada a defenderla.
  3. La crítica debe ser pertinente.
  4. La defensa igualmente debe referirse a ella.
  5. Todo interlocutor puede verse obligado a reconocer sus premisas.
  6. Debe considerarse que una tesis o una posición ha sido defendida de modo concluyente si su defensa ha consistido en argumentos derivados de un punto de vista común.
  7. Debe considerarse que una tesis o una posición ha sido defendida de modo concluyente si su defensa ha consistido en argumentos correctos.
  8. Los argumentos (deductivos) deben ser válidos mediante la explicitación de todas las premisas tácitas.
  9. El proponente debe retractarse si fracasa su defensa.
  10. Las proposiciones deben ser lo más precisas posibles.

En fin, podríamos resumir la dialéctica en lo siguiente: 1) el juego limpio; 2) la pertinencia de las alegaciones y 3) La suficiencia y efectividad de la argumentación.

Hay que destacar, en este ámbito, la pragmadialéctica que sería una teoría regulativa de los procedimientos argumentativos conforme a un modelo de argumentación razonable y aceptable (Vega, 2003).

Retórica

Esta perspectiva pretende englobar algunos aspectos que, no estando incluidos en las anteriores dimensiones, sí que intervienen en la argumentación. Estos rasgos tienen que ver con cierta irracionalidad emotiva, con la imagen del orador, con la receptividad del auditorio, con los elementos escénicos, etc.

Así distinguimos tres elementos, según Vega (2003): 1) el ethos, o talante del orador, su imagen, su poder de inducción, de persuasión o disuasión… 2) el pathos, la disposición receptiva de su auditorio; y 3) Kairos, el escenario en el que tiene lugar el proceso discursivo.

[1] Vega Reñón, L. (2003). Si de argumentar se trata. España: Intervención Cultural