Las tres dimensiones de la argumentación

En palabras del profesor Luis Vega Reñón (2003)[1], entenderemos que una argumentación es una manera de dar cuenta y razón de algo a alguien, en el curso de una conversación, o ante alguien (pongamos un auditorio, un jurado, un lector), en determinados marcos y contextos del discurso (p. 11).

Podríamos destacar tres grandes momentos en la historia de la filosofía. El primero parece remontarse a Aristóteles de acuerdo a sus Refutaciones sofísticas. El segundo podría ser entre los siglos XII y XIV con los magistri escolásticos. Finalmente, el tercero y más reciente tendría cabida a mitad del siglo XX. Es en este periodo en el que aparecen también otras ramas íntimamente relacionadas con la argumentación, como son la lógica informal y el pensamiento crítico. También es época de grandes avances tecnológicos y científicos donde toman fuerza la Inteligencia Artificial y la ciencia cognitiva.

tres dimensiones de la argumentacion

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¿Qué perspectivas podemos distinguir en la teoría de la argumentación?

Tradicionalmente se han diferenciado tres: la lógica, la dialéctica y la retórica.

Lógica

Se focaliza en los productos como argumentos textuales. En este caso, la validez que importa en esta perspectiva no es una analítica donde la información concreta que porta la conclusión viene conceptual o analíticamente incluida en la información de las premisas (ibid.). Aquí interesa una clase de argumentos de la misma forma lógica en cuanto a su atributo formal. Esto es, dado un argumento, lo interesante es la extracción de su escenario y su traslado al lenguaje lógico (manteniéndose la supuesta correspondencia).

Por tanto, un buen argumento desde el punto de vista lógico se basaría en, dadas una premisas y un nexo inferencial, poder sentar su conclusión. Podría ser una deducción, pero también otros tipos (inducción, abducción,…).

Un mal argumento, en palabras de Vega Reñón, sería aquél que fallara en uno de los siguientes tres principios generales: 1) el nexo inferencial tiene que poder ser convalidado; (2) las premisas se tienen que atener a principios de aceptabilidad, suficiencia y pertinencia respecto de la conclusión; y 3) el argumento debe poder responder a las refutaciones.

Dialéctica

Esta segunda perspectiva no se basa tanto en el producto sino que tiene en cuenta las interacciones entre los agentes discursivos así como el propio proceso argumental. En él, podemos distinguir cuatro fases: 1) Apertura, donde se plantea el tema a resolver; 2) confrontación, donde se ponen de acuerdo los agentes en las reglas que van a seguir; 3) argumentación, la parte nuclear del proceso en la que se ponen encima de la mesa los mejores argumentos y refutaciones; y 4) clausura.

Para guiar un proceso argumental, el profesor Vega (2003, p.126-132), indica el siguiente decálogo (ofrecemos un resumen del mismo):

  1. Ningún participante debe impedir a otro tomar su propia posición.
  2. Quien sostenga una tesis, está obligada a defenderla.
  3. La crítica debe ser pertinente.
  4. La defensa igualmente debe referirse a ella.
  5. Todo interlocutor puede verse obligado a reconocer sus premisas.
  6. Debe considerarse que una tesis o una posición ha sido defendida de modo concluyente si su defensa ha consistido en argumentos derivados de un punto de vista común.
  7. Debe considerarse que una tesis o una posición ha sido defendida de modo concluyente si su defensa ha consistido en argumentos correctos.
  8. Los argumentos (deductivos) deben ser válidos mediante la explicitación de todas las premisas tácitas.
  9. El proponente debe retractarse si fracasa su defensa.
  10. Las proposiciones deben ser lo más precisas posibles.

En fin, podríamos resumir la dialéctica en lo siguiente: 1) el juego limpio; 2) la pertinencia de las alegaciones y 3) La suficiencia y efectividad de la argumentación.

Hay que destacar, en este ámbito, la pragmadialéctica que sería una teoría regulativa de los procedimientos argumentativos conforme a un modelo de argumentación razonable y aceptable (Vega, 2003).

Retórica

Esta perspectiva pretende englobar algunos aspectos que, no estando incluidos en las anteriores dimensiones, sí que intervienen en la argumentación. Estos rasgos tienen que ver con cierta irracionalidad emotiva, con la imagen del orador, con la receptividad del auditorio, con los elementos escénicos, etc.

Así distinguimos tres elementos, según Vega (2003): 1) el ethos, o talante del orador, su imagen, su poder de inducción, de persuasión o disuasión… 2) el pathos, la disposición receptiva de su auditorio; y 3) Kairos, el escenario en el que tiene lugar el proceso discursivo.

[1] Vega Reñón, L. (2003). Si de argumentar se trata. España: Intervención Cultural

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Publicado el 16/04/2015 en Filosofía, Lingüística y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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